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Hacia el equilibrio presupuestario

CARMEN ALCAIDE

El Gobierno ha presentado a la Comisión Europea la actualización del Programa de Estabilidad para el periodo 1999-2003. Es una obligación prevista en el Tratado de la UE con la finalidad de supervisar y coordinar las políticas económicas. Este programa tiene el objetivo fundamental de concretar los objetivos del Gobierno en la política presupuestaria de los próximos años, aunque naturalmente tiene que partir del escenario macroeconómico que el Gobierno considere más probable.

En el programa queda claro que el objetivo prioritario es la convergencia real con la UE en términos de renta per cápita y empleo, así como que los documentos fundamentales en los que el Gobierno marca las directrices de esa política son el Programa de Estabilidad, el Plan de Empleo y el Informe sobre el progreso de las reformas de los mercados de bienes, servicios y capitales.

Vamos a centramos en el objetivo de consolidación fiscal, que, de acuerdo con el pacto de estabilidad y crecimiento y estando en una fase expansiva del ciclo, debería alcanzarse lo antes posible. Según el programa para el conjunto de las administraciones públicas, se alcanzará el equilibrio en 2002. Según los objetivos del Gobierno, el Estado seguirá reduciendo su déficit (-0,8% en 2000 y -0.4% en 2001) y alcanzará el equilibrio en 2002. Por contra, la Seguridad Social empezará a tener superávit este año y las administraciones territoriales (comunidades y ayuntamientos) alcanzarán el equilibrio en 2001.

No puede negarse que la trayectoria del déficit es mejor que la de la mayoría de nuestros socios, pero, refiriéndonos a las cuentas del Estado y teniendo en cuenta el momento económico, el objetivo podría ser más ambicioso y tratar de alcanzar el equilibrio en 2000 o 2001.

Analizando en concreto la previsión de evolución de los ingresos del Estado para el 2000 y 2001, se prevén crecimientos del 5,8% y 5,7%, semejantes a las previsiones de crecimiento monetario del PIB. Por tanto, la obtención de déficit menores debería ir por un ajuste más estricto de los gastos, cuyo crecimiento está previsto en el 4,6% y el 4,8%, respectivamente. Como siempre, la dificultad está en decidir qué gastos se reducen sin dañar las políticas sociales y los planes de inversión necesarios.

Las recetas para la reducción del gasto no son fáciles, son difíciles de aceptar por la sociedad y requieren una actuación más eficaz de las administraciones. Por una parte, es necesario mejorar las técnicas de gestión que permitan aumentar la calidad de los servicios sin aumentar el gasto. En la sanidad sería necesario encontrar vías de copago de los usuarios que reduzcan el despilfarro y permitan reducir el coste manteniendo la asistencia universal.

En conclusión, el Programa de Estabilidad se ajusta a un escenario creíble dentro de las expectativas internacionales actuales, pero los objetivos de déficit, en especial del Estado, deberían ser algo más ambiciosos. Las recetas tienen que ir necesariamente por la vía de las reformas, especialmente de la Administración, consiguiendo dar mejor servicio con menos gasto. Objetivo difícil, pero no imposible, que permitiría reducir el famoso déficit estructural en espera de momentos peores del ciclo económico