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LA POLÍTICA MONETARIA DE LOS DOCE
Las orejeras del caballo de Wim Duisenberg

ERNESTO EKAIZER | Madrid

 

Hay dos posibilidades con Wim Duisenberg. Una, cree que tiene todo el tiempo del mundo para actuar contra la notable desaceleración económica europea. Dos, estima que la caída de la actividad económica no es su negocio y que sólo debe preocuparse por la inflación.

Ayer, el Comité de Mercado Abierto de la Reserva Federal hizo público el acta de la reunión que sostuvieron sus doce miembros el pasado 24 de septiembre. En aquella ocasión, dos miembros votaron por una reducción de los tipos de interés. Alan Greenspan y los otros nueve miembros consideraron que convenía esperar hasta la siguiente reunión, convocada para el pasado martes, 6 de noviembre. El martes se decidió una rebaja de medio punto en los tipos.

A la luz de lo ocurrido tiene interés echar una ojeada al acta. Los dos opositores de septiembre -Edward Gramlich y Robert McTeer Jr.- estimaban que con la inflación en niveles bajos y con posibilidad de disminuir más por la debilidad de la economía 'el coste potencial de un estímulo adicional [recorte de tipos] parece bajo comparado con el riesgo de más debilidad económica'.

El BCE tiene un objetivo de inflación -que la Reserva Federal, en cambio, no establece- y ese objetivo -del 2%- Duisenberg no ha logrado cumplirlo en dos años. Sus últimos datos -2,2%- indican que sigue por encima.

Como el caballo con sus orejeras, Duisenberg sólo ve aquello que perjudica su objetivo. Ejemplos: la incertidumbre que crea una eventual guerra contra Irak por la subida del precio del petróleo o el libertinaje de países como Alemania y Francia en relación con el Pacto de Estabilidad y sus consecuencias inflacionistas.

Ayer, el holandés Duisenberg, quizá por la presión existente, mostró a los mercados el caramelo, pero se negó a dárselos.

El problema de fondo es otro. Cuanto más retrase el BCE el recorte de tipos, más se consolidará la desaceleración,lo que hará de los próximos recortes, cuando se produzcan,pólvora mojada. Será demasiado poco, demasiado tarde.

Si esto le ha ocurrido a Alan Greenspan cuando en 2001 se decidió a actuar, ¿que no le espera a Duisenberg? Es hora de que alguien le quite las orejeras al caballo de Wim. En otras palabras, las campanas doblan por una reforma del BCE.